¿Cómo se saca el porcentaje de una persona quemada?

Cálculo de Líquidos en Quemaduras: Guía Esencial para la Reanimación

15/05/2026

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Las quemaduras, lesiones que van desde superficiales hasta profundas, no solo demandan un tratamiento agudo inmediato, sino también una compleja terapia de rehabilitación y reconstrucción a largo plazo. Sin embargo, en las primeras horas y días post-quemadura, la prioridad absoluta es la reanimación hídrica. El reconocimiento de la imperante necesidad de infundir grandes cantidades de líquidos, debido a la característica fuga capilar que distingue patológicamente a estas lesiones, ha sido un pilar fundamental en la mejora sustancial de la supervivencia de los pacientes quemados. La estrategia actual se enfoca en una reanimación que es tanto uniforme como profundamente individualizada, buscando equilibrar la reposición del volumen perdido con la prevención de la sobrecarga hídrica, ambas con consecuencias potencialmente devastadoras.

¿Qué es la fórmula de Brooke?
Fórmula de Brooke Fórmula que se utiliza para calcular la reposición inicial de fluidos en pacientes quemados.

Este artículo se sumergirá en los aspectos cruciales del cálculo y administración de líquidos en pacientes con quemaduras, explorando las bases fisiopatológicas, las fórmulas más utilizadas, los métodos de monitoreo avanzados y las consideraciones esenciales para optimizar el pronóstico y minimizar las complicaciones. Entender este proceso es vital para cualquier profesional de la salud involucrado en el manejo de estas lesiones críticas.

Índice de Contenido

Identificando al 'Gran Quemado': Criterios para un Manejo Especializado

La capacidad de identificar rápidamente a un paciente como “gran quemado” es el primer paso para activar un protocolo de manejo intensivo y especializado. Estos criterios son cruciales para determinar la necesidad de una reanimación hídrica agresiva y la posible derivación a un centro de quemados. Se considera un gran quemado a:

  • Pacientes con un índice de gravedad superior a 70 puntos.
  • Personas con quemaduras de segundo grado (AB) o tercer grado (B) que afecten más del 20% de la superficie corporal total (SCT).
  • Pacientes mayores de 65 años con quemaduras AB o B que superen el 10% de la SCT.
  • Individuos que presenten quemaduras respiratorias por inhalación de gases tóxicos, debido al riesgo de compromiso de la vía aérea y edema pulmonar.
  • Casos de quemaduras eléctricas, que a menudo ocultan una lesión interna extensa y profunda no visible externamente.
  • Quemados politraumatizados, donde las quemaduras coexisten con otras lesiones graves.
  • Pacientes quemados con patologías graves asociadas que complican su estado general y su capacidad de respuesta a la lesión.

Una vez identificado el 'gran quemado', la evaluación de la extensión y profundidad de la quemadura se convierte en el paso siguiente y más crítico para calcular el volumen inicial de fluidos.

La Regla de Wallace del Nueve: Estimando la Superficie Quemada

Para calcular el volumen de líquido a administrar, es indispensable estimar con precisión la superficie corporal quemada (SCQ). La Regla de Wallace del Nueve es una herramienta ampliamente utilizada y de rápida aplicación en adultos para este propósito. Este método divide el cuerpo en segmentos, asignando un porcentaje de la superficie corporal a cada uno o a múltiplos de nueve. Es importante destacar que solo se consideran las quemaduras de segundo y tercer grado (profundas), excluyendo las de primer grado (superficiales o eritematosas).

Según la Regla de Wallace, las proporciones son las siguientes:

  • Cabeza y cuello: 9% de la SCQ.
  • Cada extremidad superior (brazo, antebrazo y mano): 9% de la SCQ.
  • Parte anterior del tronco (tórax y abdomen): 18% de la SCQ.
  • Parte posterior del tronco (espalda y nalgas): 18% de la SCQ.
  • Cada extremidad inferior (muslo, pierna y pie): 18% de la SCQ.
  • Zona genital: 1% de la SCQ.

En el caso de los niños, cuyas proporciones corporales varían significativamente (con una cabeza proporcionalmente más grande y extremidades más cortas), se prefiere utilizar la tabla de Lund y Browder para una estimación más precisa de la SCQ. Para quemaduras de menor extensión, un método rápido es la Regla de la Palma, donde la palma de la mano del paciente (incluyendo los dedos) representa aproximadamente el 1% de su superficie corporal.

Manejo Inicial del Gran Quemado: Un Abordaje Multidisciplinar

El tratamiento inicial del paciente con quemaduras severas trasciende la mera administración de líquidos. Se basa en varios principios fundamentales que, en conjunto, forman la piedra angular de su supervivencia. En las primeras seis horas, es imperativa una reanimación eficaz que no solo aborde la fluidoterapia, sino también la prevención de hipotermia, la administración de analgésicos y sedantes, y el inicio de ventilación mecánica en los casos que lo requieran. El objetivo principal es controlar la hipovolemia, restablecer la perfusión tisular y mantener la homeostasis corporal, previniendo el temido shock por quemadura y el fallo multiorgánico.

¿Cómo calcular líquidos para quemaduras?
La fórmula más ampliamente utilizada es la de Parkland, cuyo propósito es determinar el volumen de líquido a infundir, su cálculo se obtiene de la siguiente manera: En 24h: Ringer Lactato RL 4 ml/Kg/% de Superficie Corporal Quemada SCQ en adulto, la mitad en las primeras 8 hs y el resto en las siguientes 16 hs (3).

Esquemáticamente, el manejo inicial se estructura en:

  • Control de la vía aérea: Valoración inmediata de su permeabilidad, protección cervical y, si es necesario, intubación orotraqueal para asegurar el soporte ventilatorio, especialmente en quemaduras faciales o por inhalación.
  • Soporte hemodinámico: Consiste en la fluidoterapia en conjunción con un monitoreo estricto de parámetros dinámicos. Esto permite alcanzar los objetivos de perfusión tisular, evitando los riesgos de sobrecarga hídrica, edema excesivo y desarrollo de síndromes compartimentales. Es crucial establecer dos accesos intravenosos de gran calibre, preferiblemente en piel no quemada, de inmediato.
  • Fisioterapia pulmonar y aspiración de secreciones: Fundamental para prevenir la formación de tapones mucosos que puedan obstruir las vías respiratorias y desencadenar atelectasias, especialmente en pacientes con daño pulmonar por inhalación.
  • Ventilación mecánica: En casos de compromiso respiratorio grave, se puede optar por ventilación de alta frecuencia con dispositivos especializados, lo que puede reducir la incidencia de neumonía asociada a ventilación, barotraumatismos y efectos adversos de la sedación.
  • Adyuvantes farmacológicos: Incluyen una variedad de fármacos como analgésicos no esteroideos, inhibidores de leucotrienos, heparina, agonistas β2 y antioxidantes. Su uso se individualiza para mejorar la morbimortalidad y controlar el dolor y la inflamación.

Fluidoterapia: Tipos de Soluciones y Fisiopatología del Shock por Quemadura

Fisiopatológicamente, el paciente con quemaduras graves experimenta una compleja combinación de shock hipovolémico, distributivo y cardiogénico. La lesión térmica causa un aumento masivo de la permeabilidad capilar, lo que lleva a una fuga de líquidos, electrolitos y proteínas plasmáticas desde el espacio intravascular hacia el intersticio. Esta pérdida masiva de volumen, junto con una disminución del gasto cardíaco y un aumento de la resistencia vascular, culmina en una hipoperfusión tisular crítica, conocida como “shock por quemadura”. La fluidoterapia busca revertir esta hipovolemia, restablecer la perfusión tisular y prevenir el daño orgánico.

Clasificación de los Fluidos para Reanimación

Los líquidos utilizados en la fluidoterapia se clasifican según su tonicidad en relación con el plasma corporal y su composición:

  • Según Tonicidad:
    • Hipertónicos: Aquellos con una osmolalidad mayor a 290 mOsm/L (aproximadamente 50 mOsm por encima).
    • Isotónicos: Poseen una osmolalidad cercana a los 290 mOsm/L, muy similar a la del plasma.
    • Hipotónicos: Tienen una osmolalidad menor a 290 mOsm/L (aproximadamente 50 mOsm por debajo).
  • Según Composición:
    • Cristaloides: Contienen agua y solutos pequeños como dextrosa, sodio y cloruro. Por su bajo peso molecular, se distribuyen fácilmente entre los compartimentos intravascular y extravascular, aportando volumen a ambos. La solución de Ringer Lactato es la cristaloide ideal para la reanimación de quemaduras graves. Sus niveles fisiológicos de cloruro, iones de sodio reducidos y su amortiguación con lactato (que puede ser metabolizado) minimizan el riesgo de desarrollar acidosis metabólica. Aunque la solución fisiológica (suero salino al 0.9%) puede usarse como alternativa, requiere un control estricto del estado ácido-base para detectar y corregir la tendencia a la acidosis hiperclorémica que puede inducir.
    • Coloides: Compuestos por agua, electrolitos y proteínas de mayor peso molecular (como la albúmina). En condiciones no patológicas, estas moléculas grandes no atraviesan la pared capilar y se mantienen en el espacio intravascular. Esto los hace idóneos para el tratamiento inicial del shock no hemorrágico en grandes quemaduras, manteniendo el volumen intravascular de manera más efectiva, para posteriormente recurrir a la administración de líquidos cristaloides.

Es crucial evitar el uso de soluciones dextrosadas habituales durante las primeras 48 horas de la quemadura. Estas soluciones hipotónicas no son adecuadas para mantener un volumen intravascular efectivo y, además, los pacientes quemados tienen una tendencia natural a la hiperglucemia, que estas soluciones podrían exacerbar.

Fórmulas Clave para la Reanimación Hídrica en Quemaduras

Las fórmulas de hidratación sirven como una guía inicial para estimar los requerimientos de líquidos, aunque la respuesta individual del paciente siempre debe ser el principal factor para ajustar la infusión. La fórmula de Parkland es la más utilizada en todo el mundo.

La Fórmula de Parkland (o Baxter)

La fórmula de Parkland es el protocolo más establecido para determinar la administración inicial de fluidos en pacientes con quemaduras severas. Su propósito es calcular el volumen total de Ringer Lactato (RL) a infundir en las primeras 24 horas desde el momento exacto de la quemadura (no desde la llegada al centro médico). El cálculo se obtiene de la siguiente manera:

Volumen total de RL en 24 horas = 4 ml x Peso del paciente (Kg) x % Superficie Corporal Quemada (SCQ)

  • La mitad (50%) de este volumen total debe administrarse de manera rápida en las primeras 8 horas post-quemadura.
  • El 50% restante se infunde de forma más gradual durante las siguientes 16 horas.

Es fundamental tener en cuenta la hora de la quemadura. Si la evaluación del paciente se retrasa, la primera mitad del volumen total de fluidos deberá administrarse a un ritmo más rápido para compensar el tiempo perdido.

Fórmulas de Hidratación en Pacientes Pediátricos

Los niños tienen necesidades hídricas específicas debido a sus diferencias fisiológicas, como una mayor superficie corporal en relación con su peso y reservas de glucógeno limitadas que los hacen más susceptibles a la hipoglucemia. Por ello, se sugieren fórmulas adaptadas o específicas para ellos:

Fórmula de Galveston:

Esta fórmula considera tanto la superficie corporal total (SCT) como la superficie corporal quemada (SCQ) para un cálculo más preciso en pediatría:

  • Primer día: 2.000 ml/m² SCT + 5.000 ml/m² SCQ
    • El 50% de este volumen se administra en las primeras 8 horas con solución de Ringer Lactato.
    • El 50% restante se administra en las 16 horas siguientes con solución de Ringer Lactato + 12,5 g/l de albúmina.
  • Segundo día: 1.500 ml/m² SCT + 3.750 ml/m² SCQ
    • Este volumen se administra a un ritmo constante durante 24 horas como solución de Ringer Lactato + 12,5 g/l de albúmina.

Fórmula de Parkland (o Brooke modificada) para niños:

Una adaptación de la fórmula de Parkland para pacientes pediátricos:

  • Volumen total en 24 horas = 3-4 ml/kg/% SCQ
    • El 50% de este volumen se administra en las primeras 8 horas.
    • El 50% restante se infunde en las 16 horas restantes, utilizando Ringer Lactato.
  • En niños menores de 1 año, es fundamental añadir las necesidades basales de líquidos (fluidos de mantenimiento) a este cálculo para prevenir la hipoglucemia.
  • En quemaduras que superan el 50% de la SCQ, se suele considerar un “techo” del 50% en el cálculo para evitar una sobrecarga hídrica excesiva y sus complicaciones asociadas.

La Fórmula de Brooke (Original y Modificada)

La fórmula de Brooke es otra aproximación histórica para la reposición inicial de fluidos en pacientes quemados. Aunque la fórmula de Parkland es más prevalente hoy en día, la fórmula de Brooke original proponía:

Volumen total en 24 horas = 2 ml x Peso (Kg) x % Superficie Corporal Quemada (SCQ)

Esta fórmula se diferencia de Parkland en la cantidad de cristaloide por kilogramo y en que la versión original incluía una proporción de plasma. La fórmula de Brooke modificada es la que a menudo se compara con Parkland, empleando una cifra de 2 mL de cristaloide por kilogramo por porcentaje de SCQ.

Es crucial recalcar que, independientemente de la fórmula elegida, estas son únicamente estimaciones de los requerimientos promedio. La velocidad de infusión debe ser regulada y ajustada continuamente según la respuesta clínica del paciente. Si ocurren episodios de hipotensión durante la rehidratación, se deben realizar expansiones necesarias (administración de bolos de fluidos) sin descontar estos aportes adicionales del volumen calculado por la fórmula. Esto asegura que cualquier déficit agudo sea corregido sin comprometer el plan de reanimación general.

¿Cómo calcular la superficie corporal de un quemado?
El método palmar es la forma más sencilla y accesible de estimar la superficie corporal total (SCT) en pacientes con quemaduras. Se basa en la palma de la mano del paciente, incluyendo los dedos, como referencia, lo que suele representar aproximadamente el 1 % de su SCT .

Monitoreo de la Fluidoterapia: La Vigilancia Constante es Esencial

La administración de fluidos en quemados es un arte que requiere una monitorización constante y una adaptación dinámica. La valoración del volumen de líquido intravascular administrado y la capacidad de respuesta del paciente es difícil de medir directamente, por lo que existen estrategias de manejo de fluidos que se apoyan en la monitorización de diversos parámetros.

Parámetros Clave para el Monitoreo

El indicador más fiable de una reanimación hídrica adecuada en pacientes con quemaduras extensas es la diuresis horaria. Los objetivos son mantenerla entre 0.5 y 1 ml/kg/h en adultos, y entre 1.0 y 1.5 ml/kg/h en niños. Para una medición precisa, es indispensable la inserción temprana de una sonda Foley.

Otros parámetros clínicos y hemodinámicos importantes para evaluar la perfusión orgánica incluyen:

  • Presión arterial (PA) y Presión Arterial Media (PAM).
  • Frecuencia cardíaca (FC).
  • Tiempo de llenado capilar.
  • Estado mental (un indicador temprano de perfusión cerebral adecuada).
  • Presión venosa central (PVC).
  • Índice respiratorio dinámico y variación del volumen sistólico (parámetros de respuesta a fluidos).
  • Depuración de lactato (un marcador de hipoperfusión tisular).
  • Oximetría venosa.

Para una monitorización hemodinámica más sofisticada e individualizada, se han desarrollado dispositivos mínimamente invasivos como el sistema PiCCO (Pulse Index Continuous Cardiac Output), que se basa en métodos de termodilución transpulmonar (TDTP). Estos sistemas permiten estudiar diversos parámetros hemodinámicos de forma continua e intermitente, adaptando el objetivo de la fluidoterapia a las necesidades específicas de cada paciente en estado crítico.

Complicaciones de una Fluidoterapia Inadecuada

Todas las fórmulas de reanimación son guías y no sustituyen el juicio clínico y el monitoreo. Una fluidoterapia inadecuada puede llevar a graves complicaciones:

  • Sub-reanimación: No administrar suficientes líquidos puede resultar en un aumento de la profundidad de las quemaduras, shock hipovolémico persistente, fallo multiorgánico y, en última instancia, un incremento significativo de la mortalidad.
  • Sobre-reanimación (Fluid Creep): Administrar un exceso de líquidos puede tener consecuencias igualmente graves, como el desarrollo de síndrome compartimental (especialmente en las extremidades y el abdomen), síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA), disfunción multiorgánica, mayor necesidad de ventilación mecánica y un retraso en la cicatrización de las heridas.

La controversia reciente sobre la precisión de la fórmula de Parkland, con estudios que sugieren que muchos pacientes reciben más líquidos de los calculados a pesar de una diuresis adecuada, subraya la necesidad de un monitoreo constante y un ajuste dinámico de la infusión para evitar estos extremos.

Perspectivas Futuras y Colaboración del Equipo de Salud

El manejo del estado hídrico en pacientes quemados y traumatizados es una tarea desafiante y exigente. Las fórmulas de reanimación son solo un punto de partida; ninguna fórmula es lo suficientemente exhaustiva como para incluir la verdadera complejidad de las quemaduras, ya que existen muchas variables clínicas no contabilizadas. Por ejemplo, las quemaduras eléctricas, químicas o en pacientes con politrauma tradicionalmente requieren más reanimación de lo que las fórmulas estándar predicen.

La tendencia futura en el manejo de quemaduras es hacia una fluidoterapia aún más individualizada y ajustada a las características únicas de cada paciente. El uso continuo de monitoreo hemodinámico avanzado y la investigación buscan optimizar los resultados y minimizar las complicaciones. Para garantizar que el paciente reciba una atención óptima, es absolutamente esencial que cada miembro del equipo de atención documente y comunique todas las intervenciones realizadas. Esto permite que los equipos de cirugía de trauma, cirugía de quemados y urgencias accedan a toda la información necesaria cuando el paciente llega a un centro de quemados certificado. La comunicación constante y la documentación horaria de los fluidos administrados, los signos vitales y la diuresis son cruciales para que los equipos interprofesionales tomen decisiones informadas y prevengan complicaciones relacionadas con una reanimación hídrica inapropiada.

¿Cómo se calcula la hidratación en el paciente quemado?
Para el cálculo de los requerimientos de mantenimiento se puede utilizar la siguiente fórmula: 1.500 ml/m² + 25+ % SCQ x m² x 24. El monitoreo de la resucitación en el paciente quemado es un proceso complejo, este debe ser fisiológico y útil clínicamente.

Preguntas Frecuentes (FAQs)

¿Qué es la Regla de Wallace del 9 y cómo se utiliza para quemaduras?

La Regla de Wallace del 9 es un método rápido y práctico para estimar la superficie corporal quemada (SCQ) en adultos. Divide el cuerpo en secciones que representan el 9% o un múltiplo de 9 de la SCQ. Por ejemplo, la cabeza y cada brazo equivalen al 9%, mientras que cada pierna y la parte anterior o posterior del tronco equivalen al 18%. Se suman los porcentajes de las áreas quemadas (solo quemaduras de segundo y tercer grado) para obtener la SCQ total, un valor fundamental para calcular las necesidades de fluidos.

¿Cómo se calcula la fórmula de Parkland y cuál es su administración?

La fórmula de Parkland se calcula multiplicando 4 ml de Ringer Lactato por el peso del paciente en kilogramos y por el porcentaje de superficie corporal quemada (% SCQ). El volumen total resultante se administra en las primeras 24 horas desde el momento de la quemadura. La mitad de este volumen se infunde rápidamente durante las primeras 8 horas, y el 50% restante se administra de forma más gradual durante las 16 horas siguientes. Es crucial ajustar la velocidad de infusión según la respuesta clínica del paciente, principalmente la diuresis.

¿Cuál es la fórmula de Brooke y en qué se diferencia de Parkland?

La fórmula de Brooke es otra herramienta para estimar la reposición inicial de fluidos en pacientes quemados. La fórmula original sugiere 2 ml de cristaloide por kilogramo de peso por el porcentaje de superficie corporal quemada (% SCQ) en las primeras 24 horas. Al igual que Parkland, la mitad del volumen se administra en las primeras 8 horas y el resto en las 16 horas subsiguientes. La principal diferencia radica en la cantidad de cristaloide por kilogramo (2 ml en Brooke vs. 4 ml en Parkland) y que la Brooke original consideraba una proporción de plasma, mientras que Parkland se basa puramente en cristaloides.

¿Qué líquidos se prefieren para la reanimación de quemaduras y por qué?

La solución de elección para la reanimación de quemaduras graves es el Ringer Lactato. Se prefiere por su composición isotónica, muy similar al plasma, y porque su lactato puede ser metabolizado, lo que ayuda a minimizar el riesgo de acidosis metabólica. Las soluciones coloides pueden ser útiles en la fase inicial del shock no hemorrágico para mantener el volumen intravascular, pero generalmente se usan junto con o después de los cristaloides. Las soluciones dextrosadas se evitan en las primeras 48 horas debido a su naturaleza hipotónica (ineficiente para mantener el volumen intravascular) y la tendencia natural a la hiperglucemia en pacientes quemados.

¿Qué complicaciones pueden surgir de una reanimación hídrica inadecuada en quemados?

Una reanimación hídrica inadecuada puede llevar a complicaciones graves. La sub-reanimación (no dar suficientes líquidos) puede causar shock, progresión de la profundidad de la quemadura, fallo multiorgánico y aumento de la mortalidad. Por otro lado, la sobre-reanimación (dar demasiados líquidos, conocido como “fluid creep”) puede provocar edema severo (particularmente en extremidades y abdomen, llevando a síndromes compartimentales), síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA) y disfunción multiorgánica. Un monitoreo constante y un ajuste dinámico de la infusión son esenciales para evitar estos extremos.

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