28/07/2024
La hidratación adecuada es un pilar fundamental para la salud y el desarrollo de los niños. Sin embargo, los pequeños son particularmente vulnerables a la deshidratación, una condición que puede volverse grave rápidamente si no se maneja de forma oportuna y correcta. A diferencia de los adultos, los niños tienen necesidades hídricas distintas y sus cuerpos reaccionan de manera diferente a la pérdida de líquidos, lo que hace esencial comprender los métodos adecuados para evaluar y reponer sus fluidos. Este artículo profundiza en todo lo que necesitas saber sobre cómo calcular la hidratación en pacientes pediátricos, desde la identificación de los signos de deshidratación hasta las estrategias de rehidratación oral e intravenosa, pasando por las fórmulas clave y las consideraciones importantes para evitar complicaciones.

La administración de fluidos es crítica en la atención de niños enfermos, ya sea en el ámbito de urgencias o durante una hospitalización. Una intervención temprana y apropiada puede marcar la diferencia entre un desenlace favorable y uno adverso, reduciendo significativamente la morbilidad y la mortalidad infantil asociadas a la deshidratación.
- La Deshidratación en Niños: Una Amenaza Silenciosa
- Identificando la Severidad de la Deshidratación Pediátrica
- Fisiología de los Líquidos y Electrolitos Pediátricos
- Estrategias de Rehidratación: Oral vs. Intravenosa
- Calculando los Requerimientos de Mantenimiento: La Fórmula de Holliday-Segar
- Complicaciones a Evitar en la Terapia de Fluidos
- El Rol del Equipo Interprofesional
- Preguntas Frecuentes sobre la Hidratación Pediátrica
- ¿Cuál es la diferencia principal entre la hidratación oral y la intravenosa en niños?
- ¿Por qué los niños son más propensos a la deshidratación?
- ¿Cuándo debo preocuparme por la deshidratación de mi hijo?
- ¿Qué es la regla de Holliday-Segar?
- ¿Es seguro usar bebidas deportivas para rehidratar a un niño?
- ¿Cómo se realiza el balance hídrico en pediatría?
- Conclusión
La Deshidratación en Niños: Una Amenaza Silenciosa
El agua es esencial para mantener la homeostasis celular en el cuerpo humano. Se distribuye en dos compartimentos principales: el líquido intracelular (LIC) y el líquido extracelular (LEC). Aproximadamente dos tercios del agua corporal total (ACT) se encuentran dentro de las células. Es importante destacar que el ACT varía significativamente con la edad: los lactantes tienen un 70% de ACT, los niños un 65% y los adultos un 60%. Aunque el cuerpo humano posee un control fisiológico estricto para mantener el equilibrio de líquidos y electrolitos, en estados de enfermedad, estos mecanismos pueden verse superados.
La deshidratación ocurre debido a una depleción significativa de agua y electrolitos. Es una causa común de morbilidad y mortalidad en niños. Los lactantes y los niños pequeños son especialmente sensibles incluso a un pequeño grado de deshidratación. Esto se debe a varios factores:
- Mayores requerimientos de líquidos debido a una tasa metabólica más alta.
- Mayores pérdidas insensibles a causa de una mayor superficie corporal en relación con su volumen.
- Falta de capacidad para comunicar su sed a los cuidadores, especialmente en los más pequeños.
La fisiología de los niños que presentan deshidratación y shock es diferente a la de los adultos. Los niños poseen una mayor reserva cardíaca, lo que les permite compensar una pérdida de volumen significativa durante mucho más tiempo que los adultos. Inicialmente, pueden presentar signos vitales cercanos a los apropiados para su edad a pesar de las pérdidas continuas de líquidos. Los niños mantienen el gasto cardíaco aumentando su frecuencia cardíaca. En los niños, la hipotensión es un hallazgo tardío y, cuando aparece, indica una deshidratación severa y una urgencia médica.
Identificando la Severidad de la Deshidratación Pediátrica
La evaluación de la gravedad de la deshidratación es crucial, ya que la terapia debe basarse en esta. Sin embargo, determinar con precisión el grado de depleción de volumen puede ser un desafío, ya que es difícil distinguir con exactitud los diferentes grados de deshidratación solo con el examen clínico. La deshidratación se expresa generalmente como un porcentaje de pérdida de peso corporal. Aunque los pesos basales con hidratación normal rara vez están disponibles en el servicio de urgencias, clínicamente se divide la deshidratación en los siguientes grados:
- Deshidratación Mínima: Menos del 3% de pérdida de peso corporal.
- Deshidratación Leve: Aproximadamente 5% de pérdida de peso corporal.
- Deshidratación Moderada: Aproximadamente 10% de pérdida de peso corporal.
- Deshidratación Grave: Más del 15% de pérdida de peso corporal.
La presencia de los siguientes signos sugiere la necesidad urgente de administración de líquidos intravenosos (IV) si hay evidencia de perfusión inadecuada o deficiente:
- Retraso en el llenado capilar.
- Taquicardia (frecuencia cardíaca elevada).
- Color pálido o pobre.
- Oliguria (disminución de la producción de orina).
- Hipotensión (presión arterial baja, un signo tardío y grave).
La taquicardia y el retraso en el llenado capilar indican una deshidratación moderada. El objetivo principal es restaurar rápidamente el volumen circulatorio para prevenir el colapso. Corregir la pérdida de volumen intravascular con líquidos mejora el gasto cardíaco y reduce la mortalidad.
Un estudio de JAMA reveló tres signos clínicos particularmente útiles para reconocer una deshidratación del 5% o más: retraso en el llenado capilar, turgencia anormal de la piel y un patrón respiratorio anormal. Por otro lado, la presencia de membranas mucosas de apariencia normal y húmedas, y la ausencia de ojos hundidos, disminuyen la probabilidad de deshidratación clínicamente relevante.
Con pocas excepciones, los análisis de laboratorio tienen un papel limitado en el diagnóstico de la deshidratación, siendo la medición de electrolitos para determinar el desequilibrio de sodio una excepción notable. También es útil el monitoreo en pacientes que no pueden comer, especialmente niños pequeños, para determinar la necesidad de dextrosa como componente de los líquidos. El BUN (nitrógeno ureico en sangre) muestra una relación lineal parcial con el grado de deshidratación, pero en general no es específico. La prueba de laboratorio más útil para determinar el grado de deshidratación es un bicarbonato inferior a 17 mEq/L.
Tabla Comparativa: Grados de Deshidratación y Signos Clínicos Clave
| Grado de Deshidratación | Pérdida de Peso (%) | Signos Clínicos Típicos |
|---|---|---|
| Mínima | <3% | Orina ligeramente disminuida, otros signos mínimos o ausentes. |
| Leve | 5% | Sed leve, membranas mucosas ligeramente secas, orina disminuida. |
| Moderada | 10% | Membranas mucosas secas, disminución de la turgencia de la piel, taquicardia, llenado capilar prolongado, patrón respiratorio anormal, ojos hundidos. |
| Grave | >15% | Signos de shock (hipotensión, pulso débil/ausente, extremidades frías, letargo, anuria), fontanela hundida (en lactantes). |
Fisiología de los Líquidos y Electrolitos Pediátricos
Los niños varían en la ingesta de líquidos requerida debido a sus tasas metabólicas aumentadas, lo que provoca una mayor pérdida de líquidos. La tonicidad se refiere a la concentración de carbohidratos y electrolitos en una solución y su efecto sobre el volumen de una célula. Está controlada por la liberación de hormona antidiurética (ADH) de la hipófisis posterior, que causa retención de agua, y por el mecanismo de la sed.
- Una solución isotónica no cambia el volumen de una célula y tiene una concentración de sodio similar a la del plasma (135 a 144 mEq/L). Ejemplos: Suero fisiológico (154 mEq/L de sodio) y Ringer Lactato (131 mEq/L de sodio).
- Una solución hipotónica provoca la hinchazón de la célula.
- Una solución hipertónica causa la contracción de la célula debido al desplazamiento de líquido extracelular.
Los electrolitos son responsables de determinar la tonicidad; la dextrosa generalmente no afecta sustancialmente la tonicidad, ya que es rápidamente metabolizada por la insulina al entrar en el espacio intravascular, a menos que exista diabetes. Las soluciones con una relación glucosa-sodio de 1 a 1 (75 mEq/L según las recomendaciones de la OMS) funcionan con los transportadores fisiológicos de glucosa y sodio para aumentar la absorción de la mucosa intestinal. Las soluciones hiperosmolares, aquellas con carbohidratos excesivos, pueden causar diarrea osmótica, lo que empeora la pérdida de líquidos. Por lo tanto, los estudios han demostrado que la terapia de rehidratación oral (TRO) de esta manera es tan efectiva como la rehidratación IV cuando los líquidos orales son tolerados.

Estrategias de Rehidratación: Oral vs. Intravenosa
La gastroenteritis aguda es una causa común de deshidratación en niños, provocando vómitos, diarrea o una reducción en la ingesta de líquidos orales. Esto conduce a la depleción de líquido extracelular.
Rehidratación Oral (TRO)
La reposición de líquidos orales es el método preferido en niños con deshidratación leve a moderada, a menos que existan contraindicaciones. Los mecanismos de transporte de solutos intestinales desarrollan gradientes osmóticos debido al movimiento de electrolitos y nutrientes a través de la célula, seguido por el movimiento pasivo del agua. El transporte de sodio y glucosa ocurre en el borde en cepillo intestinal. Las soluciones orales contienen sodio, glucosa y osmolaridad adecuadas para maximizar este cotransporte y evitar problemas de ingesta excesiva de sodio o diarrea osmótica adicional.
La rehidratación oral es un método seguro y rentable para el manejo de niños con deshidratación. Sin embargo, a menudo se subutiliza. Un estudio de Cochrane informó que solo el 4% de los niños que recibieron hidratación intravenosa tenían indicaciones reales para ello. La investigación demuestra que la TRO es tan efectiva como la hidratación intravenosa en niños con deshidratación moderada. Un metaanálisis no mostró diferencias clínicamente significativas cuando la rehidratación oral se comparó con la rehidratación intravenosa en términos de seguridad y eficacia.
La cantidad de déficit de líquido debe depender del cambio de peso (si está disponible) o de los signos clínicos. La tasa recomendada es de 50 mL a 100 mL/kg durante 2 a 4 horas para líquidos orales. Se recomienda usar una solución de rehidratación oral específica en lugar de agua pura o bebidas deportivas comerciales, ya que estas últimas pueden empeorar la deshidratación o causar desequilibrios electrolíticos. La administración por sonda nasogástrica es otra vía para la rehidratación con tasas y líquidos similares a los recomendados para la administración oral.
Rehidratación Intravenosa (RIV)
La administración de líquidos intravenosos generalmente ocurre cuando la rehidratación oral ha fallado o está contraindicada. En tales situaciones, la administración de líquidos IV puede ser más eficiente para la rehidratación, especialmente en lactantes y niños pequeños con vómitos persistentes asociados a la diarrea. La oliguria también indica que la deshidratación es grave y requiere líquidos intravenosos. Los niños con deshidratación grave y en shock deben recibir líquidos IV debido a la necesidad de una rápida restauración del volumen intravascular para restablecer una perfusión tisular adecuada. Los niños con dificultad respiratoria también deben recibir líquidos IV.
Contraindicaciones para la Rehidratación Oral (y, por lo tanto, indicaciones para RIV):
- Inestabilidad circulatoria o shock.
- Estado mental alterado (riesgo de aspiración).
- Vómitos persistentes.
- Diarrea con sangre.
- Abdomen agudo, obstrucción intestinal o íleo paralítico.
- Anormalidades electrolíticas graves, como hiponatremia.
- Enfermedad subyacente significativa.
- Dificultad respiratoria severa.
Técnica y Tipos de Fluidos IV:
Los tres pasos en el tratamiento de la deshidratación son:
- Corrección del déficit de líquidos.
- Terapia de mantenimiento (requerimientos fisiológicos de líquidos y electrolitos).
- Reposición sostenida de las pérdidas continuas de líquidos.
La administración de líquidos parenterales incluye bolos y tasas de mantenimiento. Un bolo de líquido debe infundirse rápidamente a 10 a 20 mL/kg de solución salina isotónica (0.9%). Esto debe infundirse en 20 minutos en niños con deshidratación moderada y lo más rápido posible en presencia de deshidratación grave. No se debe usar un líquido hipotónico o que contenga dextrosa para el bolo, a menos que se necesite una corrección rápida de la hipoglucemia.
Un solo bolo de 20 mL/kg mejora la circulación, pero no siempre normaliza el estado hemodinámico. Por lo tanto, puede repetirse según sea necesario hasta que se restaure una perfusión adecuada, con un monitoreo cuidadoso de la condición clínica y los signos vitales. Una mejora en el estado clínico y la resolución de los signos de deshidratación, como la taquicardia y las membranas mucosas secas, pueden monitorearse fácilmente. Un requerimiento de líquido de más de 60 ml/kg sin mejora en el estado clínico indica otras causas, como shock séptico o hemorragia.
Tonicidad de los Fluidos Intravenosos
Históricamente, se han administrado líquidos IV hipotónicos; sin embargo, se han reportado varios casos de morbilidad y mortalidad relacionados. En la mayoría de los niños hospitalizados que desarrollaron hiponatremia, esta se relacionó con la administración de líquido hipotónico. Por lo tanto, el líquido hipotónico no es apropiado en niños con depleción de volumen. En 2018, la Academia Americana de Pediatría publicó una declaración clave que establece: “los niños entre veintiocho días y dieciocho años de edad que requieren líquidos intravasculares de mantenimiento deben recibir soluciones isotónicas con cloruro de potasio (KCl) y dextrosa apropiados”. Esto puede reducir significativamente el riesgo de hiponatremia.

Basado en esta declaración clave, el estándar de atención es que se agregue cloruro de potasio a los líquidos de mantenimiento, a menos que haya hiperpotasemia o la función renal esté comprometida. Además, si la duración de los líquidos IV será corta, se pueden administrar líquidos sin potasio. Las pautas para el potasio varían mucho, y algunas recomiendan 10 mEq/L para niños de menos de 10 kg, pero la mayoría recomienda 20 mEq/L de KCl independientemente del peso.
Dextrosa en Fluidos IV
En niños que no ingieren calorías adecuadas por vía oral, se debe agregar dextrosa al 5% (D5) a los líquidos de mantenimiento. Si hay hipoglucemia, debe corregirse adecuadamente.
Calculando los Requerimientos de Mantenimiento: La Fórmula de Holliday-Segar
La tasa de administración de líquidos de mantenimiento se determina por los requerimientos basales, el déficit de líquidos estimado y las pérdidas continuas. La tasa de mantenimiento se puede calcular utilizando el método de Holliday-Segar. Este método estima las pérdidas fisiológicas de agua escaladas a la tasa metabólica basada en el peso del niño. Las tasas recomendadas son las siguientes:
- 100 ml/kg para los primeros 10 kilogramos de peso.
- 50 ml/kg por cada kilogramo entre 10 y 20 kg.
- 20 ml/kg por cada kilogramo adicional (más de 20 kg).
Veamos algunos ejemplos:
- Para un niño de 8 kg: 8 kg * 100 ml/kg = 800 ml/día.
- Para un niño de 15 kg:
- Primeros 10 kg: 10 kg * 100 ml/kg = 1000 ml
- Siguientes 5 kg (15-10): 5 kg * 50 ml/kg = 250 ml
- Total = 1000 ml + 250 ml = 1250 ml/día. - Para un niño de 25 kg:
- Primeros 10 kg: 10 kg * 100 ml/kg = 1000 ml
- Siguientes 10 kg (20-10): 10 kg * 50 ml/kg = 500 ml
- Siguientes 5 kg (25-20): 5 kg * 20 ml/kg = 100 ml
- Total = 1000 ml + 500 ml + 100 ml = 1600 ml/día.
Es fundamental realizar reevaluaciones frecuentes y periódicas para asegurar que se está administrando un volumen de líquido apropiado. El balance hídrico debe monitorearse en todos los niños que reciben líquidos IV. Esto incluye el peso corporal y la entrada y salida de líquidos (ingresos y egresos). En algunos niños, cuando el examen físico es normal, se puede administrar Ondansetrón para controlar los vómitos, lo que puede reducir la necesidad de terapia intravenosa y hospitalización.
Complicaciones a Evitar en la Terapia de Fluidos
La hiponatremia, hipernatremia e hipoglucemia pueden ocurrir en niños con deshidratación como resultado de la enfermedad o como complicación de la terapia de reemplazo de líquidos. Es crucial conocerlas para prevenirlas y tratarlas adecuadamente.
Hiponatremia
Aunque la deshidratación isonatrémica es la más común, puede ocurrir hiponatremia o hipernatremia. La hiponatremia se define como una concentración de sodio en plasma inferior a 135 mEq/L. Es una anomalía electrolítica común en niños que reciben líquidos IV y es causada por un déficit de sodio o un exceso de agua libre. En niños hospitalizados, a menudo hay una liberación excesiva de ADH, lo que puede requerir un ajuste en la reposición de agua o sodio. La hiponatremia puede ocurrir debido a la administración de soluciones hipotónicas. El nivel de sodio sérico estima el balance de agua; un nivel de sodio normal no evalúa la adecuación del estado de volumen.
Sobrecarga de Fluidos
Generalmente, los riñones son capaces de mantener la euvolemia; sin embargo, una administración agresiva de líquidos puede causar sobrecarga de fluidos. Evitar la administración excesiva de líquidos es crítico, y esto es particularmente más importante en lactantes. Una administración excesiva de líquidos puede causar una sobrehidratación clínicamente significativa. Por lo tanto, es vital evaluar los signos de sobrecarga de líquidos, como edema o aumento excesivo de peso. Muchas comorbilidades crónicas específicas pueden aumentar el riesgo de sobrecarga de líquidos, incluyendo la pérdida de proteínas debido a enfermedad hepática o renal, insuficiencia cardíaca congestiva e insuficiencia renal.
Hipernatremia
La hipernatremia es un nivel de sodio sérico superior a 145 mEq/L. Sugiere una pérdida de agua mayor que la pérdida de sodio. Hay una deficiencia total de sodio corporal a pesar de las concentraciones elevadas de sodio. Sin embargo, con la administración de líquidos isotónicos, el riesgo de hipernatremia es bajo. En general, los lactantes corren un riesgo particular debido a la reposición inadecuada de agua, lo que ocurre típicamente con la diarrea o una lactancia materna deficiente. En tal situación, el grado de deshidratación puede subestimarse; los líquidos se desplazan de los compartimentos intracelulares a los extracelulares. Esto preserva los volúmenes de plasma y líquido intersticial. Tenga en cuenta que los signos comunes de deshidratación intravascular, como taquicardia o pulso débil, ocurren cuando la deshidratación es grave. Dado que el espacio intravascular se mantiene relativamente, el shock puede ocurrir tarde y de forma repentina.
Hipoglucemia
Si no se añade dextrosa a los fluidos de mantenimiento, especialmente en niños que no ingieren calorías oralmente, puede presentarse hipoglucemia, la cual debe ser corregida de inmediato.

El Rol del Equipo Interprofesional
El monitoreo de niños con hipovolemia es un enfoque de equipo. Esto incluye el peso corporal y la entrada y salida de líquidos. El reconocimiento temprano es crucial para la provisión de la combinación correcta de líquido y electrolitos en el momento y la tasa apropiados. El monitoreo es esencial para la seguridad del paciente mientras se ajusta la tasa de rehidratación. La colaboración y comunicación entre médicos, enfermeras y farmacéuticos son fundamentales para optimizar los resultados en pacientes que reciben tratamiento por hipovolemia.
Preguntas Frecuentes sobre la Hidratación Pediátrica
Aquí respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre la hidratación en niños:
¿Cuál es la diferencia principal entre la hidratación oral y la intravenosa en niños?
La hidratación oral (TRO) implica el uso de soluciones especiales por boca, aprovechando la absorción intestinal para reponer líquidos y electrolitos. Es el método preferido para deshidratación leve a moderada. La hidratación intravenosa (RIV) implica la administración directa de líquidos en el torrente sanguíneo a través de una vena. Se reserva para casos de deshidratación severa, shock, vómitos persistentes o cuando la TRO no es posible o efectiva.
¿Por qué los niños son más propensos a la deshidratación?
Los niños, especialmente los lactantes, tienen un mayor porcentaje de agua corporal total y una mayor superficie corporal en relación con su peso, lo que aumenta las pérdidas insensibles de líquidos. Además, tienen una tasa metabólica más alta y, a menudo, no pueden comunicar eficazmente su sed o acceder a líquidos por sí mismos.
¿Cuándo debo preocuparme por la deshidratación de mi hijo?
Preocúpese si su hijo presenta disminución de la producción de orina (pañales secos por más de 6-8 horas en lactantes), sequedad de boca y lengua, ausencia de lágrimas al llorar, ojos hundidos, letargo, irritabilidad, piel seca, ausencia de sudoración, o signos de shock como taquicardia, pulso débil o hipotensión.
¿Qué es la regla de Holliday-Segar?
La regla de Holliday-Segar es una fórmula utilizada para calcular los requerimientos diarios de líquidos de mantenimiento en niños, basándose en su peso corporal. Proporciona una estimación de las necesidades fisiológicas de agua para mantener el equilibrio hídrico normal, sin considerar pérdidas adicionales por enfermedad o deshidratación.
¿Es seguro usar bebidas deportivas para rehidratar a un niño?
No, las bebidas deportivas no son las adecuadas para rehidratar a un niño deshidratado. Contienen demasiada azúcar y no tienen la proporción correcta de electrolitos que necesitan los niños, lo que puede empeorar la diarrea y los desequilibrios electrolíticos. Es fundamental usar soluciones de rehidratación oral específicamente formuladas para niños, que cumplen con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
¿Cómo se realiza el balance hídrico en pediatría?
El balance hídrico en pediatría implica el monitoreo cuidadoso de todos los líquidos que entran al cuerpo (ingresos, como fluidos orales, IV, alimentos) y todos los que salen (egresos, como orina, heces, vómitos, pérdidas insensibles). Se registra el peso corporal del niño diariamente, se cuantifican los ingresos y egresos, y se calcula la diferencia para determinar si hay un balance positivo (ganancia de líquidos) o negativo (pérdida de líquidos). Esto es crucial para ajustar la terapia de fluidos.
Conclusión
La deshidratación en niños es una condición común que requiere una atención y un manejo precisos. Comprender los signos de deshidratación, las diferencias fisiológicas en los niños y las estrategias de rehidratación oral e intravenosa es fundamental para padres y profesionales de la salud. La aplicación de fórmulas como la de Holliday-Segar para el mantenimiento y un monitoreo constante del balance hídrico son herramientas esenciales para garantizar la seguridad y la recuperación de los pequeños. Al trabajar en equipo y con conocimiento, podemos asegurar que los niños reciban la hidratación adecuada, crucial para su bienestar y desarrollo.
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